Alguna vez un día, se titula el poemario de Elena Bórquez, libro que invita a pasear por un jardín dónde Marta Feest Catalán es la encargada de ilustrar la portada y la poeta "pastorea la magia y las palabras". Versos que ella misma va mostrándonos como en una vigilia interminable de imágenes y metáforas.
La magistral presentación está a cargo del poeta nortino avecindado en Osorno, Julián Rojas, él en un acabado recorrido nos va deshojando estás páginas, abriendo el apetito del lector que al igual que yo, intuye un encuentro: "Con una Elena Bòrquez, lúcida y cabal, poeta de nuestro Sur Profundo. No escribe, más bien teje-dice Rojas-borda sus poemas llenos de relampagueantes oscuridades y de luces entresombrías, produciendo en nuestro ánimo una verdadera catarsis de shock, pues sus versos no sólo nos gustan y nos estremecen; nos dejan pensando en el misterio de su mundo de penumbras, en su universo azul".
Y como si esto fuera poco, Oscar Catania Alcaráz, escritor y artista plástico residente en El Bolsón, allá en la Patagonia de la República Argentina, deja plasmado en una contratapa, palabras llenas de elogios y "buenas vibras" para una de las nuestras, que aunque silenciosa y de bajo perfil como le conocemos algunos, es sin dudas: " Una persona indispensable en nuestra sociedad, pues compartiendo estas auténticas vivencias espirituales, que no es otra cosa que la dimensión del arte, nuestro ser interior, nuestra alma crece, no volviendo a sus primitivas dimensiones, será el fin de nuestra ignorancia primaria…" nos dice Catania.
Yo digo que mientras existan poetas que se atreven a dar a luz estos hijos, concebidos en el insomnio y o más allá de aquellos territorios que aún no me atrevo a explorar, es sin duda un regalo divino que debiera regocijarnos a todos los osorninos.
Atentamente,
Jacqueline Lagos.