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el Amor y Patagonia...en Última Esperanza

Por Jackielagos - 1 de Septiembre, 2006, 8:39, Categoría: General

... Como la cigarra... Todos somos como la cigarra, que vuelve de la guerra como sobreviviente.

Al menos una vez en la vida somos como la cigarra: al nacer. Sólo que entonces, pasamos nueve meses sumergidos en el estanque para seguir luego cantando a la vida, que por cierto, comenzamos con llanto.

Nacer es nuestra primera batalla. Es nuestro primer desafío. Es también nuestra primera esperanza.

Todos somos como la cigarra alguna vez en la vida. Muchos, lo somos bastante seguido.

Quizás lo perenne es el canto, la creación, el trabajo. El amor. El crecer al rejuntarse, como hoy en éste lugar: Diario Austral. En Osorno. Osorno, "Frontera de los antiguos Reinos", así le llamaban en la España del Siglo XVII a una villa adelantada en el extremo norte de Castilla, parada y fonda de caudillos comuneros, al comenzar las montañas que del otro lado tenían como horizonte el Cantábrico. Hoy, tiene unos 1500 habitantes, poco más del uno por ciento de los habitantes de Osorno en Chile. Osorno que llega a estas tierras en la mente de García Hurtado de Mendoza, que llamó a esta ciudad  San Mateo de Osorno, en honor a su abuelo: el Conde de Osorno.

También Osorno ha regresado de más de una guerra en el pasado, para ponerse de pie. Y aquí está, sobreviviendo, en medio de sus batallas presentes. Batallas que no son menores.

Como la cigarra, también Terra-Lutún regresa después de la guerra como sobreviviente. Regresa libre, trabajando, creciendo. Y, aún le queda tiempo para el arte, e invita. Invita a cantar, con música, con palabras, con diseño. Invita a contar historias. Historias Lutún.

Agradezco pues a Terra-Lutún, por esta  juntura, por esta comunión. Es su trabajo mancomunado, su doble creación, lo que la hace posible...

Artistas hay muchos y muy buenos... por mil, debo entonces multiplicar mis agradecimientos para con ustedes dos. Igual que mil veces agradezco a todos por su presencia, que no es otra cosa que el reconocimiento y afecto a Terra-Lutún,  y es para ellos que pido, entre todos, derramar un cálido y afectuoso aguacero... Como ven, entre todos, además podemos ser nube…

Sobrevivir a la guerra, es un probable sentido para nuestras vidas, pues en definitiva, somos nosotros quienes declaramos todas las guerras. Todo cuanto ocurre en éste azul planeta, es de nuestra única responsabilidad. Que yo sepa, nunca hemos entrado en conflicto con los habitantes de Marte, o de alguna galaxia lejana. Sólo a nuestros hermanos les declaramos la guerra. Sólo entre hermanos brota la contienda. Debemos pues, sobrevivir a nuestras guerras, como la cigarra, y seguir cantando.

Propongo entonces, sobrevivir a uno de los primeros mitos fundantes: el presunto asesinato de Abel en manos de Caín. Sobrevivir, también es uno de los sentidos de mi novela; mirar a la cara a más de un mito, y construir una historia de generosa entrega en medio de un territorio silvestre, potente... y, ahora que lo recuerdo... uufff... me agobia a ratos cortos esto de pretender el oficio de escritor. Pues, a diferencia del profesor, del médico, del cura, del estudiante... en fin, ellos, cada día al levantarse, de algún modo saben lo que deben hacer. Donde deben ir. Aunque no siempre a gusto, al menos sí saben lo que deben hacer. Un escritor, no.

Quien intenta crear, sabe que en cualquier momento huye de sí mismo la musa, el ángel o el duende. Cuando esto ocurre, quedamos secos. Sequía goleadora, le llaman en prados de líneas blancas, una esfera de cuero y seres delirantes.

En estos tiempos estériles, nos dedicamos entonces a la farándula, a la bohemia, a la crítica, al periodismo o a los concursos. A cualquier cosa. A embriagarnos con pócimas invisibles o a fastidiar a los colegas... con tal de recuperar la musa, el ángel o el duende. O, atrapar sencillamente una buena idea peregrina.

Me insisten que una buena obra consta de un 10% de inspiración, y el resto es transpiración químicamente pura... y, debido a esta asimetría creadora, sin la musa, el ángel o el duende, la cuestión se nos complica. Se pone demasiado árida.

El profesor podrá pues regresar a sus clases. El médico a la posta. El señor cura al confesionario... el cantante podrá repetir su canción.

El escritor no.

Si algún día fui escritor, cualquier día dejo de serlo, y por cierto, haré mis mejores esfuerzos para que nadie se entere.

... Como la cigarra, es la historia de los protagonistas de la novela. También la mía... y la de ustedes.

Es una novela que habla del amor como eje de vida. La vida común y corriente. La vida sencilla. La vida que se disfruta. La vida que se comparte contemplando como el cielo gotea soles al final de la tarde. La vida, como hoy aquí, en éste lugar, "Frontera de Reinos invisibles"…

En mi caso, declaré guerras... en muchas fui derrotado. Me hicieron  polvo, y, después de quizás cuanto tiempo, seguí cantando.

Fue en mi último retorno, después de más de dos años bajo la tierra, que regresé escribiendo en defensa propia... como sobreviviente.

Prometí entonces nunca más declarar una guerra, sino más bien, ser corresponsal de ella... lo que por cierto, no me exime de un buen tiro en la cabeza.

Es curioso, fíjense: cualquier soldado muere por una causa tal o cual, el corresponsal en cambio muere por atrapar una visión de aquella realidad. Que después de una cierta cosmética, otros le llaman historia.

Llevo ya dos años, de los 51 que cuento, en medio de conflagraciones ajenas, imaginarias… y aún sigo vivo.

Algo loco, pero vivo.

Sinceramente, espero concluir mis días como corresponsal de guerra y más, pues, aunque ya no vuelen proyectiles, misiles o cuchillos acerados; aunque ya no vuelen virus letales, bloqueos económicos, invasiones... aunque ya no vuelen dictadores y fundamentalistas... seguiremos declarando guerras; seguiremos declarando desafíos y cambios... Seguiremos cuestionando.

En definitiva, seguiremos declarando el amor... y siempre-siempre sobreviviremos.

Hoy, por tanto, vengo a declarar que somos inmortales... Pues entonces, contemplemos la vida con nuestros ojos abiertos; con silencio en los entretiempos.

Si cambiamos de vestido, no cesan nuestros latidos. Sólo cambian su ritmo sobre el sendero azul.

Si nos contemplamos en otro espejo, a nosotros nos contemplamos.

Quien traspase una puerta, seguirá cantando del otro lado.

Quien se marcha hacia los cuatro puntos cardinales, no nos abandona.

No lo digo yo. Créanme. Lo que nace no muere, sólo se transforma.

Y por favor, no miremos la naturaleza con ojos ajenos; con ojos de miedo; con ojos empapados en monedas... contemplémosla con los ojos del alma.

Entonces, veremos que somos como la cigarra, y sobreviviremos a nuestras guerras. Y a todas nuestras discordias.

En este contexto, tal vez sería necesario discutir el significado del término muerte, pero, quizás eso los mate de lata y aburrimiento...

No obstante, quisiera establecer otro paradigma: somos seres en estado humano, y, además, en permanente cambio.

El cambio y la metamorfosis de la cigarra, expresados en la hermosa canción que escuchamos, son la brisa que nos agita el cabello, que nos mantiene despiertos. Contienen la sustancia con la que nos anima el alma; aquello que nos impulsa a cantar, a seguir adelante. Contiene lo que nos hace suspirar.

Entonces, sospecho que somos seres dinámicos en un cambiante estado humano.

Así como la cigarra canta después de un año bajo la tierra, así también colmamos nuestro cuenco divino con humano contenido… y sorbo a sorbo nos convertimos en luz.

Y, todo ello, sin repetir nada. No existe en éste universo nada que se repita. Como tampoco existe nada en reposo.

No existe universo que se repita... y deben existir muchos.

Todo es cambio. Todo es movimiento infinito.

Si no me creen, desde que comenzamos esta juntura montados en éste azul planeta, hemos recorrido una distancia aproximada de 35 mil kilómetros por el camino del zodiaco. Algo así como viajar 37 veces a Santiago. Por cierto, ida y vuelta... en menos de media hora.

.... Después de ser cargadas en un camión, dos ovejas  comentan:

-         ¡Oye!... Parece que tiembla - dice una, en el centro del carro.

-         Bueno, sí – responde su vecina - pero al menos no vamos a ninguna parte. Y es que me carga caminar.

Ya nunca más regresaremos al lugar desde donde partimos. Cualquiera sea la partida que consideremos, pues además, el sol nos arrastra a 19 kilómetros por  segundo, en la dirección de la constelación de Hércules. Sin ir más lejos.

Definitivamente vamos hacia algún lado, y en movimiento espiral. Otra sorpresa será cuando lleguemos a la morada de Hércules.

Pero no hay porque preocuparse, no somos ovejas.

... Por lo tanto, cambio es movimiento... Ni siquiera esta juntura terminará, pues en un rato se fragmentará en junturas menores; en risas, en comentarios... Luego se transformará en olvido, hasta que alguien necesite una cruceta y corra a Terra-Lutún a buscarla, o escuchen la canción de la cigarra... o divisen la portada de este libro… o disfrute la delicia de un mate con miel de ulmo, mientras las nubes preparan la lluvia para despertar la tierra dormida.

Y, así, seguirán las transformaciones de esta juntura hundiéndose en el tiempo, en medio del movimiento que colma los espacios humanos. En medio de las guerras, todos sobrevivientes...

"Ana, ya iniciamos el viaje

desde las uvas al vino

comunión perfecta que embriaga

los dos, sólo uno, mágico volumen

colmando el cuenco de la vida...

en las proximidades de Dios...

Y lejos, muy lejos ya de regreso

en tu  Sierra de Guadarrama

recibe mi saludo.

Entre nosotros

un camino interminable.

No, no desfallezcas en la espera

prometo no desfallecer el sendero,

que se abre entre los pliegues

aún tibios

de nuestro destino,

entre tanto día inagotable.

Y, es el tiempo quien nos cubre ya de lejanía,

invadiendo nuestros espacios

con muertes y nacimientos.

Presiento que cada palabra es una muerte

y el silencio

que viene luego

un nacimiento...

En la partida, el mar alimenta mis lágrimas fundamentales

y, en el fondo de mi corazón, resuenan los acomodos sordos

de glaciales pálidos

huyendo de los hombres hacia el verde olvido.

Llegó la hora de volar al nuevo punto de partida

vuelo  doloroso. La Novia de manto blanco y silvestre mirada

la dejo en manos ajenas, en manos del mercado,

vulnerable, cual gránulo de polen atrapado en el huracán planetario

¿ni toda su potencia la podrá liberar de tanto acero rugiendo?

¿de tanta mirada insensible, de tanto avaro bolsillo?

Todos la mancillan, traicionan su mirada... volveré.

Patagonia ya está en mí

"Verde Madre", en mi partida

un trocito de ti, se esconde tras mi sonrisa

tus azules me los confía el cielo, colmado de nubes grávidas,

tu aurora, sus arreboles

y el Glacial Serrano sus guijarros.

Cargo la mirada atiborrada de bosques y canales

y, una medida de viento... en mi aliento.

Patagonia ya está en mí

en cada suspiro, en cada latido.

Hoy veo claro: Ana y tú, Verde Madre

 han despertado mi prístina mirada

y buscaré reunir todo el amor.

Volaré por su amor, para regresar al amor,

cambio el amor, por más amor

el viento recién nacido, por su aliento tibio,

los revoloteos de colores, por su luminosa sonrisa,

el mar indomable, por su diáfana mirada,

tu  potencia, por su fragancia de hembra,

tu rocío cristalino, por sus lágrimas saladas,

su futuro... por tu  presente, Verde Madre..."

Y así… todo es así, como la cigarra.

Todos sobreviviendo, en permanente cambio...

Mario Barahona S.

sargoma@yahoo.com

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